Confesiones de una Ex Scort: ¿Te puedo violar, Gianina?
- Lunes, Febrero 1, 2010, 12:34
- Destacado, Opinión
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Es lunes. Vengo triturada por un fin de semana de bicicleta, camping y reflexión lesbica regulada por una buena cantidad de THC (Santa María Orgánica). Llego hasta la oficina. Algo enrojecida por las tardes de sol en cueros que me dí junto a mis dos amigas. Una asistente social de SENAME que no para de hablar que tiene los días contados con lo de El Cambio y una profesora diferencial (recién separada y sacada del closet por quien escribe y su amiga). Siento mi piel irritada. Los musculos agarrotados y unas ganas de irme a tumbar a la cama para descansar de mis días libres. Me siento como recién violada.
Hasta el apartamento de Hot Girls Santiago, llego un tipo. Bien vestido, bien peinado y lo suficientemente atractivo como para ser atendido con un mínimo de humedad natural. Se hacia llamar Cristóbal. Luego del show de ventas realizado con anterioridad por las cinco chicas del día, fui seleccionada. Andaba de escolar japonesa: faldita escocesa tableada, blusa blanca transparente, medias blancas caladas a la rodilla, zapatos de plataforma blanca, colitas con pompones y maquillada como putita adolescente del Yingo.
Al momento de recibir mi paga – chicas escort: no acepten jamás que les digan después te pago. Sus proxenetas hacen el trato y deben cancelar inmediatamente el porcentaje acordado a la chica- mi proxeneta me dijo:
- El cliente quiere que vayas con jumper de escolar chilena -
Asentí mientras acomodaba las cosas de siempre: condones, lubricante, toallas desechables y de baño. Retoque mi maquillaje mientras Renatte me subía el cierre de su jumper. Me quedaba algo largo. Me puse mi polera de cuarto medio. Con las medias blancas y los zapatos de plataforma parecía una mezcla entre escolar chula y mina de café con piernas. Renatte me dijo suerte y me dio una palmada en el culo.
Salude acomodando cosas en el closet vacío. Subí el parlante.
El control estaba en una de las puertas del closet. Sonaba un tema Tom Jones. A los dueños del burdel les gustaba Tom Jones. Contaban historias de que en los 80 trabajaban con la música de Tom Jones de fondo. No quiero imaginarme que tipo de trabajos hacían los militares en los 80 con ese tipo de soundtrack pero a esta altura del partido los Guatón romo y Miguel Krasnoff constituyen nuestras versiones criollas de la Familia Manson y Jack, el destripador.
- Me gusta que las niñitas putas le bailen al papito – dijo Cristóbal. Suitén rojo. Buen paquete. Pelo en pecho y abdomen chato sin calugas. Piernas fuertes. Su ropa, cuidadosamente dispuesta en el descanso del sillón d ella pieza. Sobre la cama un maletín de cuero negro.
- ¿Quieres ser mi papito? – le pregunte mientras me metía un dedo en la boca.
Cristóbal se acerco hasta mi carita de putita obvia. Tomo mi barbilla. Escupió mi rostro y me lanzo 3 billetes de 10 mil pesos.
- Te quiero violar pendeja puta -
Recogí el dinero y lo dispuse en un compartimento de la plataforma de mi zapato. Y dije con voz de pendeja asustada – la verdad es que lo estaba en cierta medida – y actitud calentona:
- ¿Qué quieres que haga tu niñita, papito? -
Cristóbal se tendió en la cama. Saco un pomo de lubricante de s maletín. Vertió un poco de la mezcla en su mano y se dio fuertes frotes de paja. Tenía un gran bulto.Su verga aún no estaba erecta pero tenía una hinchazón que aseguraba un buen para de emociones prolapsantes. Mordió su labio inferior y empezó fuerte a darse pajas. Con ese tono de voz seco y algo malévolo de los hombres bien dotados y calientes, dijo: – Baila, puta de mierda -
En el equipo sonaba un tema de Madonna. Bien ochentero. De esos llenos de riff reiterativos y baterías huecas. Una canción diseñada única y exclusivamente para aceptar a los años 80 como una fantástica fiesta que nos dejó por herencia la masificación del consumo de drogas duras como la cocaína, la perdida sustancial de poder adquisitivo en la clase media y el ciclo dorado del cine porno.
Movía mi cuerpo como una mezcla de ejercicios aeróbicos y regeattón. Cristóbal se daba pajas fuertes. Su verga crecía: era un trozo de burro rojo terroso, venas gruesas y un par de pelotas velludas y grandes. Su glande estaba lustroso por la crema lubricante y él colocaba una cara de furia. Sin mediar provocación alguna, se detuvo y me indicó que me acercará hasta él. Fui caminando como una actriz porno consagrada. Levanté un poco el jumper para que viese mi calzón, color lila flúor, y llegué hasta él. Me indico que me arrodillase mientras él se ponía de rodillas y seguía pajeando. Tomo mi pelo y lo jaló fuerte hasta su miembro. Luego de penetra mi boca, fingo fuerte:
- Chupa puta de mierda… – .La voz de mi proxeneta se escucho fuerte
- ¿QUÉ PASA QUE HAY TANTO ESCANDALO ALLÍ MIERDA? -
Detuve mi mamada forzosa y contesté:
- Nada Don Bernardo… estamos jugando -
- Entonces sube el volumen de la música…-
Subí el volumen y Cristóbal me tomo por la cintura. Me tiro fuerte hacia el canto de la cama. Mientras se pajeaba sacudió mi cabeza contra el plumón de la cama. Sobaba mi culo y el tipo me decía:
- Pendeja maraca …. sacate esos calzones de puta, mierda – Yo me encontraba en una situación algo extraña. Era una mezcla de terror, tortura, sexo y mala actuación.Me saqué mis colaless lila flúor marca Flores. Critobal me obligo a cuparlo mientras me gritaba puta de mierda, pendeja maraca y recalcaba la idea de que me iba a violar. Que me metería su buena verga para hacerme daño. Que me dolería. Que jamás volvería a culear y de más cosas sicópatas y medias pedofilas.
Luego de haber sacado unas buenas arcadas y comprobando que espesos hilos de babas pendían de su erecto pico (si era un pico de esos que valen la pena llamarse así), me dejo en la cama con las piernas colgando y sumergió su lengua en mi vulva asustada. Lamía bien. Tenía una lengua aspera y raída. Alternaba sus lengüetadas con algunos mordisqueos fuertes en mis labios y mi rosada pepita húmeda. La verdad es que con la lengua la estaba pasando bastante bien. Se las ingenio y saco algo de su maletín. Era un consolador de color azul translúcido. Lo escupió. Lo volvió a escupir. Cuando advirtió que la goma estaba lo suficientemente cubierta de su saliva blanca y espumosa me dijo:
- Abre la boca, puta – e introdujo con violencia el aparato. Trate de contener su ímpetu pero fue en vano. El consolador estaba afirmado a su puño. Me provocaba fuertes arcadas. Fueron tantas que se me salio algo de saliva por las narices. Si, amigas y amigos, una especie de preparatorio forzoso para un dragón. El lengueteo mis narices. La baba que salía de mis fosas nasales le ponía a mil. Movía el consolador en mi prolapsada garganta y urgueteaba con sus fuertes, velludos y gruesos dedos mi concha.
- Putita de mierda te estas meando… estas toda mojada mierda – dijo cuando saco sus dedos de mi concha. En la otra blandía en alto el consolador. De cerca parecía una esquizofrenica versión de la estatua de la libertad.
Yo miraba asustada la situación. De una forma impredecible me mostraba como una inexperta en estas lides. Rompía la regla de oro básica de una escort: el cliente jamás debe tener el control. De mis ojos salían unas pequeñas lágrimas. Esa mezcla de nausea y pornografía que conlleva el sexo oral forzoso con el regusto a látex mal higienizado del consolador me tenía algo entre traumada y anestesiada. Cristóbal dejo caer el consolador hacia mis rostro. Logre esquivarlo y me puse en pie.
- Te la voy a meter por la concha y el culo, mierda… te la voy a meter con uniforme… como a mi hija –. Allí estaba yo. Trabajando de puta y jugando con un cliente incestuoso.
- Metemela papito pero con condón – le suplique.
Cristóbal asintió a ponerse el condón. Lo puse rápido. Su verga era gigantesca. Su rostro desencajado y de bruto violador.
Largó un fuerte escupo en la palma de su mano. Lo hundió en mi concha. Levante el jumper hasta quedar con el ombligo al aire. Cristóbal me pellizcaba los pezones por debajo de la polera. Y hundió su trozo de verga duro y venoso. Por suerte entre saliva y lubricación normal estaba lo suficientemente húmeda como para recibir la estocada. Era carne violenta. Sus movimientos bruscos, su rostro de locura. Y la idea perversa de que yo era su hija incrementaban la sensación de estar en una sala donde se amalgaban tortura, incesto y pornografía. Yo estaba con el Joseph Fritlz chileno.
Tenía mis piernas – aún con calcetas blancas caladas – sobre sus hombros. Tenía su verga entrando y saliendo, fuerte y violenta, de mi concha irritada. Y recibía los insultos y escupos de Cristóbal. Luego bruscamente me dio vuelta y me puso en cuatro. Primero continuo rápido dandome a lo perro. Lanzaba manotazos de palma abierta a mis nalgas. Y me dijo:
- ¿Cómo te llamas, mierda? -
- Titi – respondí.
- Te llamas Gianina… como mi hija – dijo.
Tragué saliva. No podía obviar lo que pasaba dentro mío. Una verga enorme y potente. Violenta. Una verga violadora. Un tipo que me penetraba e insultaba. Humillada. Violada. Húmeda. Se me escurría un orgasmo silencioso y corto. Un suave chorro se escurría de mi vulva hacia fuera. Y me gustaba ser violada.
- Te quiero reventar el culo – dijo Cristóbal. Sentí como sus dedos, gruesos y velludos, urgueteaban la entrada a mi estrecho ano. Sentía como untaba el lubricante espeso y que algo de ello entraba en mi ser.
- Ya sin llorar como anoche – dijo Cristóbal en el momento de hundir su glande… no glande no se puede llamar así esa cosa dura y morbosa. En el momento de hundir su callampa en mi ojete lubricado. Aguante el grito mordiendo un extremo del almohadón. Soporte el ingreso violento del resto de su pico.
- Así todo el pico cabra de mierda… mi niñita puta… la niñita de papito… la puta de papito – decía Cristóbal. Si, siiiii – decía yo aguantando ese trozo de madera que me dañaba. Como Cristóbal requería una víctima no una pareja pasiva. Empecé a fingir llanto y miedo. Eso descoloco a Cristóbal. Era la mía para cerrar el negocio y dejar de aguantar ese trozo de carne corrupta y depravada.
Empecé a mover mi culo a una velocidad frenética. Tomé a Cristóbal por su cintura para que no se saliera. Mantenía mi velocidad. El pico de “mi papito” irritaba mi ano interiormente pero yo aguantaba. Hacia movimientos circulares. Cristóbal emitía sonidos agudos y desperados. Como una rata atrapada. Y dijo
- Ya… viene… ya… siiiiii – y mantuve mis movimientos circulares y rápidos. Lentamente sentí como un trozo de carne perdía consistencía y que algo de él quedaba dentro mío.
Retire el condón de mi culo. A la lubricación normal se sumaban restos de sangre. La bolsa estaba llena de un semen espeso y algo amarillento. Cristóbal estaba sentado en un costado de la cama. Sujetaba su cabeza y emitía sonidos que combinaban, en dispar proporción, excitación y vergüenza. Se manifestaba por un llanto ahogado.
- Yo… yo no sé como soy – dijo.
- Eres un papito rico – dije mientras me ponía mis calzones y echaba la basura en una bolsa transparente que luego se irá al incinerador del edificio.
Cristóbal se levanto. Desnudo pero no vulnerable. Estaba lista para retirarme. Cristóbal me lanza una bofetada. Mi cara estaba roja. Aguante el llanto. Cristóbal lloraba. Me dio un billete de 10 mil pesos. Los puse en mi calzón. Cristóbal me da un beso en la mejilla y sigue llorando.
Por ese tiempo ya mantenía una relación de pareja junto a Renatte. En la noche, y luego de llegar de la universidad en mi bicicleta, Renatte me esperaba en el living del departamento que arrendabamos . Había ensalada y agua mineral. Renatte estaba con pijama viendo la TV. La salude y tomé asiento en la mesa. Renatte fue hasta el dormitorio y volvió sin la parte superior de su pijama. Bellas tetas de diosa. En su mano traía nuestro strap y con la verga de goma golpeando su palma me dijo:
- ¿Te puedo violar, Gianina? -
Yo solo trague lo contenía el tenedor.
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Un Comentario en “Confesiones de una Ex Scort: ¿Te puedo violar, Gianina?”
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Excelente articulo Gianina