Confesiones de una Ex- Scort: Carta abierta a una chica de la farándula
- Lunes, Febrero 8, 2010, 13:32
- Destacado, Gianina, Opinión, Revista
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Tras el fallido intento de hacer un Tarantino porno tale. Vuelvo toda apercollada y soportando el joteo incesante de mi editor. Estamos en Febrero mes de cosas estúpidas e irrelevantes como el Festival de Viña y demás sandeces. Quizá para matar el aburrimiento le dé la pasada a mi editor y de paso asegure un contrato estable. En fin. Febrero y su insoportable pasividad.
Ya he dicho, de muy mala manera, porque me largué del primer prostíbulo en donde ejercí. También que monté mi emprendimiento con una casi amante mía. Ahora vienen los tiempos de la escort cara y sola. Ayer no tenía nada mejor que jugar con el control y hacer zaping. Y allí estaba hablando cosas obvias en esos execrables programas de verano. Sentada en una mesa con gente interesante que veranea. Allí estabas. Te escuche y dí con el tema de hoy.
Allí estaba mi chica de la farándula.
Lo mío por hoy no es un relato.
Es simplemente una carta que explica las razones de mi alejamiento a tus incesantes llamadas y recriminaciones. No es necesario que nos lancemos cosas por la cabeza – nos lanzamos otras y no precisamente al cráneo – es solo un ejercicio de sacar un esqueleto de mi closet, bastante abierto y en dicho acto dejar que las cosas sigan su inefable tránsito al olvido. Aunque hay cosas que aún me duelen y se vienen al recuerdo como ráfagas de mis personales estadías en el infierno.
Recuerdo cosas bastante escabrosas como cuando me llamaste a eso de las 11 de la noche y me invitaste – por pago – a una fiesta con unos futbolistas chulos. O cuando te dije que me estaba cansando de esto y me lanzaste una bofetada que me dejo algo inconsciente y por temor a cometer un asesinato me diste un suculento cheque sin fondos.
Sin embargo, lo nuestro Bella (te gustaba que te dijera así pese al descontrol de tu cuerpo por crecer para otros lados no indicados) fue algo profundamente destructivo. Pero provechoso para una zorrita astuta. No como las actrices negras y gordas que me suplicaste que les escribiera un Fondart. Las negras se ganaron el Fondart y nunca pagaron la comisión de gestión. Hasta el día de hoy espero mi 20% de comisión por hacer atractiva una obra de teatro irrelevante.
En fin, gracias a ti pude solventar el pago de mi departamento. Mi preciosa mediagua Hi Tech. Y en síntesis: gracias a ti y a tus contactos. Y a los que llegaron a pagar por mis servicios pude solventar mi independencia económica sin que esta sea dependiente de mi entrepiernas, culo, boca y tetas.
Bella, tú nunca me dedicaste un buen apodo. Nunca saliste del putita rica.
Yo tengo claro lo que fui y lo que soy.
¿Cómo vamos por casa, Bella?.
Sin duda alguna lo más interesante y sustancioso fue nuestro primer encuentro. Yo estaba algo retirada del oficio. Me planteaba si seguir en esto o no. Tenía mi pequeño capital, esa droga eclipsante de la moral patria. Y no sabía si invertirla en mis estudios y algún negocio decente. O apostar firme a seguir de maraca. También venía saliendo de una tortuosa relación comercial y amorosa con otra mujer. Y de paso me las enfrentaba con un alcoholismo no reconocido. Desafiando la miseria de estar viviendo el presente sin más objetivo que practicar el arte de mirar las cosas y de vez en cuando hacer un cariñito a cierta navaja que guardo en mi armario, me las dí de Go go dancer. Un cliente tenía una disco y me ofreció alcohol y algo de dinero para bailar dentro de una jaula con un minúsculo trikini flúor rosado. Allí estaba yo,medio borracha. Moviendo el culo y sobando mis tetas. Frenética. Desvanecida en el universo de los bits y golpes techno. Y soportando el babeante clamor cuico:
- En pelota!! En pelota!! – y Gianina aceptaba empelotarse a eso de las 3 A.M. Luego me tendía en la barra libre. Que para mi era puro libertinaje. Enfundada en estrechos pantalones y petos. Con el pelo mojado y fumando como carretonera. De repente llegaba uno y bailaba con él. Si el tipo confundía cortejos con pagos bienvenido era a mi siempre mojada concha. Si el tipo se creía un winner, le invitaba al baño para luego avergonzarlo con sus amigos. Es tan fácil avergonzar a un hombre chileno: basta que gatilles su única inseguridad que se encuentra estrechamente relacionada con el tamaño de sus verguitas. Tristes y flácidas verguitas nacionales. Entre tanta droga y copete y estres laboral ya no hay buenos picos heterosexuales en Chile.
- ¿Te puedo invitar un trago preciosa? – dijiste susurrante desde mi costado derecho. Te reconocí como te debe reconocer todo el mundo. No acepte. Para que debía aceptar si ya estaba lo suficiente borracha y el alcohol, gracias a mi culo y tetas, me era gratis.
- ¿Quieres que te baile en el VIP? – dije. Me sentía como las eternas Wandas de Bukowski. Me sentía como esas mujeres decentes que lo siguen siendo. Independiente del trabajo que realicen. Te tomé de la mano y nos fuimos hasta tu mesa en el VIP. Allí estaban tus amistades. Algo borrachas. Algo jaladas. Haciendo la previa de la orgía.
Todos pusieron su respectivo Andrés Bello en un platillo que contenía algunas almendras y demás mierdecilla salada comparada a granel en La Vega. Hace poco vi a uno de tus amigos muy feliz el 17 de Enero por televisión. En fin, se supone que estamos en democracia. Todos podemos ejercer nuestro derecho a callar y bajar la cabeza. En definitiva todos tenemos derecho a obedecer.
Me empine. Sí, así de flaite y camboyana. Me empiné lo que quedaba de champagne y me largué a moverme sobre la mesa. Mientras ustedes reían y observaban. Los varones lanzaban manotazos que para ellos eran caricias pagadas previamente. Ustedes, las damas, reían sardónicamente mientras me empelotaba y me tumbaba en la mesa. Me masturbe para ustedes. Les mostraba mi concha:peladita, rosada, húmeda y cargada de algo que solo se da muy de vez en cuando.
Lanzé mi chorrito limpio en dirección a quien tenía en frente. Eras tú. Recibiste de lleno en tu cara el fino hilo de mis jugos vaginales contenidos. Tus amigos rieron. Tus amigas rieron. Se produjo un silencio desagradable.
Luego me largué a Viña del Mar. La idea de volver al maraqueo me estaba seduciendo. Principalmente porque no tenía una fuente de ingreso permanente. Me instalé en una pensión muy flaite que albergaba a putitas argentinas de temporada. El soundtrack oficial era una amalgama de esnifadas y llamadas por celular donde las palabras que más se repetían eran : hijo, hija y mamá. Puse mi aviso de servicios sexuales en el promotor oficial de la prostitución chilena: El Mercurio.
“Gianina, la diosa sexual chilena está en Viña del Mar…”. Los llamados de mis clientes varones y mujeres que veraneaban con sus familias. Con sus hijos. Mis clientes preocupados de la delincuencia y esas paranoias neo fascistas de la sociedad chilena. No tardaron en contactarse conmigo.
Y llamastes tú. Pero a mi otro celular. Al que tenían acceso mis amigos y compañeros de la universidad. Y un par de familiares que veo muy a lo lejos en algún funeral de una persona que pertenece a eso que llaman familia.
- ¿Te acuerdas de mí? – dijiste.
- Como olvidarme de mi regalo en la disco – dije.
- UUYY… si cochina – respondiste risueña y con un acento que delataba la falsedad en todo su esplendor – oye linda … estoy solita en un departamento … ¿te tinca que nos juntemos a conversar? -
- Estoy trabajando, Bella – esa fue la primera vez que te llamé así – no puedo salir solo para conversar con una amiga – dije.
- ¿Y tú piensas qué te llamó solo para que conversemos… cuánto sale la noche contigo? – dijiste.
Alguna diferencia con los periodistas impotentes que me tiré. Alguna diferencia con los ejecutivos coqueros con los que tuve que acostarme para pagar mis estudios universitarios.
NADA.
Largué mi tarifa nocturna corrida. Aceptaste y me diste la dirección. Recalcaste que me querías muy linda y “qué el conserje no sé de cuenta que eres puta, ¿ya?”.
Finita mi Bella. Digna representante de personajes arrancados de la Cavalleria rusticana , esa ópera que tributa la caballerosidad de la ordinariez. Un buen soundtrack de mafiosos. ¿Alguna diferencia con nuestra gente famosa?.
Me largué una ducha tibia pero corta. Lo suficiente como para higienizar mis cavidades. Humecté mi cuerpo con aceites fragantes. Mi compañera de pieza, una putita argentina preciosa, me repaso el culo con una navajita desechable y aprovecho de tocarme los pezones. Nos entendimos bien dos noches después. Y me largué. Toda bella y esplendorosa. Toda enyeguecida. Llamé un radiotaxi (chicas escort: jamás en taxi. Siempre es bueno causar al impresión de solvencia económica. El truco es hablar un par de idioteces a la ventanilla del chofer para quien te arriende crea que es un matón peligroso que sabe perfectamente donde se ubica el cliente); y me fui hasta tu departamento. El conserje me miró y me saludo. De seguro pensó que era alguien importante que no respondería a sus gestos de mono de organillo amaestrado. Bueno, eso mismo hice.
Toque el timbre y allí estabas tú. Esplendida y en baby doll.
Me saludaste con un beso apasionado. Violento. Caliente. Yo respondí igual y engarzo mis manos en tu culo. Majestuosa masa de uniforme proporción entre músculos y grasa.
- Si mi gatita caliente… si mi putita rica… si mi maraquita lesbiana…siii – me dijiste. Supuse que eso debía motivar en mi halagos y excitación. Y una vez más mentí. Mejor dicho: me tuve que mentir y dejarme llevar por la pasión que entregaba el dinero de la sobrevivencia. Y me sumergí en su boca. Acaricie su rostro caliente. Lamí de sus orejas y mordisque su cuello. Deje que sus manos de hembra lesbiana en celo recorrieran la tersitud de mi bronceada piel. Y que sus uñas tan bien manicuradas como las mías dieran gatillo a mi húmeda conchita protegida por un minúsculo calzón negro transparente.
- UUYY zorra con razón eres puta… mira que mojada estás – dijo mi Bella.
- ¿Puedo ver como andamos por casa, Bella? – dije. Al momento que sumergía mi boca en su depilada vulva. Escarbe con mi lengua y dedos, su humanidad desbordante y perfumada a jazmín. Fabulosa hembra de gran clítoris. En el momento que lo masajeaba con mi lengua y dedo índice se me vinieron a la cabeza dos cosas: el cuasi hermafoditismo de la actriz Vanessa del Río, poseedora de un hipertrofiado clítoris que la transformo en leyenda. Y que Bella era más hipertrofiada que la porno star de origen cubano.
Nos tumbamos en la mullida alfombra. La vista al mar no era gran cosa. La música de Tatoo y yo en cueros. Saltando en la boca de una yegua farandulera.
- dame tu chorro, putita linda – gemía mientras que giraba mi cuerpo en su boca babeante. Una vez teniendo su concha en perspectiva de picado cenital, deje caer mi humanidad tersa, caliente e interesada en el dinero para sobrevivir. Lamía su concha mientras ella largaba largos lengüetadas que iban de mi clítoris hasta el nudillo de mi culo.
- ¿Te meto las bolitas chinas en la raja? – dijo mi Bella.
- Dale – mientras me calzaba un guante quirurgico. Lo embetune bien en lubricante. E inicie un amago de fist fucking vaginal que tuve que desistir para que quien pagaba introdujera unas bolitas transparentes unidas por una cadenita de látex rígido.
Bella disfrutaba de mis movimientos maracos en cuatro y apoyada en el sofá. En las discos disfrutaban del ron y de las minas que bailan sexy. Yo tenía a esa misma hora cinco bolas insertadas en mi culo. Y al parecer no era tiempo de ser sacadas.
Dispuse a Bella a que se sentara de piernas abiertas en el sofá mientras yo me la trabajaba con el puño. Si ella me estaba produciendo una extraña sensación invasiva. Yo haría lo propio con mi aceitoso puño enfundado en látex quirurgico.
Primero introduje mis tres dedos largos. Primero suave y luego más rápido. Entraron fácil. Sin grandes resistencias y pésima calidad actoral debo admitirlo. Intento con el cuarto dedo, el meñique. Cuesta dar la figura de la palma. Es como una navaja que trata de cortar algo viscoso, vivo, caliente, escurridizo. Una mezcla de pornografía con una película de Ed Wood. El cuarto dedo logra entrar. Al estar dentro los muevo. Dilato más la concha. Que se humedezca. Que el lubricante se mezcle con la viscosidad de sus paredes internas. Ahora viene lo difícil. El puño entero.
Tapo su boca. El gemido a dado paso a un alarido. Ya no hay sobreactuación. Esto es dolor y goce carnal en vivo y en directo. Lamo sus tetas de silicona. Sus pezones son de piedra. Nos yo de las que le van los pezones morenos. Soy más d ella teta rosada. Pero esa piedrecilla erecta era todo lo que podía necesitar. Si hubiese podio restregar mi concha contra ese carajo de carne dura
Pero era yo quien debía procurarlos.
Junte las puntas de mis dedos en una punta de lanza. No sin antes que Bella, lamiera mi mano enguantada. E introduje.
Entró la primera sin gran trabajo. Pero quedo atascada en medio trayecto. Luego la segunda encontró mayor resistencia. Así hasta tener calzadas a medio trayecto anal a cinco bolitas transparentes. Bella besaba mi ano. No sentía grandes molestias. Más que mal estaba acostumbrada a jugar con las mías: un collar doble que daba cuatro bolitas al culo y otras cuatro hacia la concha. Quedaba un poco de cadena para tirar. Renatte me la sacaba de golpe. Imprescindibles para una sesión de sexo lesbico amistoso. Siempre que Renatte quedaba con ellas en la mano, yo las lamía con entusiasmo.
- Despacio mi amor – dijo.
Mantuve la firmeza pero con sutil energía. Dosificando. Sabia que de llegar a la tercera coyuntura de mis dedos solo había un camino. Seguir entrando. Y así fue. Entre. Primero la palma deformada como la punta de una lanza. Una vez que la muñeca de mi diestra mano perversa se vio perdida en la cavidad, dilatada y viscosamente húmeda, de Bella. Insiste en seguir entrando. No había resitencia alguna de ella. Bella solo mordía la punta de un cojín y clavaba sus manos en mis hombros para que continuase entrando.
- Sigue amor… - dejaba escapar entre sus gemidos. Hasta que detuvo mi ingreso. Una cuarta antes del codo.
- ¿Quieres acabar, Bella? – dije con tono perverso. Entrecortado y jadeante.
- Dale – me dijo. Y yo hice caso.
Abrí mi puño con furia. Logre mover algo mis dedos y recibí de lleno en mi cara un chorro violento de un lechoso y tibio liquido que baño mi cara. Lanze un alarido de caliente. En el cato algo del liquido se coló en mi boca. Salado. Contenido. Penetrante. Saque rápido mi mano de su concha. Bella vio mi rostro y simplemente dijo:
- Puta -
Bella desnuda camino hasta su cuarto. Yo quede en cuatro mirándola de espaldas. Luego llego hasta mi. Se arrodillo y largo un cosa imperceptible en mis nalgas. Y luego escuché el clásico.
- SNIFFF -
Mi bella chica farandulera aspiraba cocaína desde mis nalgas.
- ¿Quieres? – me dijo.
- SI – dije. Ya lo he expuesto iba por ese tiempo con la guardia baja. Cualquier cosa que asegurase autodestrucción me iba bien.
- Tienes que ganártela – dijo con tono autoritaria. Deprevada y decadente. Jaló de mis nalgas y también jaló de la cadena. Fuera la primera bolita. No fue muy agradable la sensación. Sonó como ese sonido que hacemos al jalar un dedo desde el interior de nuestra boca hacia fuera. Ella escucho el sonido y solo dijo;
- mmm…. rico -
Seguía aspirando la cocaína y tirando de la cadena. Cada vez que salía una bolita el sonido era mas sucio. Más cercano a un sopapo provocando vacío. Y sí, cada vez me tenía mas lista para acabar.
Hizo su última jugada y sacó la bolita número cinco. Sentí un vació en mi culo que rápidamente se mudo a mi concha. Fue un golpe eléctrico automático que apago por escasos segundos mi conciencia.
Caí desvanecida hacia la alfombra. Mullida y húmeda. Era un orgasmo que no había sentido antes. En cierta medida aquello fue uno d ellos tantos temas que me llevo a enamorarme de ti. Quedé tensa. Tendida. Vulnerable. Y tiritando. Fue un orgasmo extraño. Doloroso. Una cosa que te afiebra y te hace replantear cosas esenciales del universo.
Bella se engullía por las narices unas lineas gorditas como lombrices desde mi culo.
Nos tendimos en su cama y ella se largo unas lineas en su estomago. Yo aspiraba largo. Fue rico. No lo niego. Hasta para destruirse la gente de la farándula tiene mejor opciones que el resto. Mi diosa decadente me alimentaba de droga y dinero.
Así fuiste conmigo. Una eterna orgía de dinero y distintas drogas: éxtasis, un par de pinchazos. ¿Te acordarás de esas tardes en Pica y la s dos con un trip?. ¿O cuando para el cumpleaños de un amigo me rifaste entre tus amistades para que hiciera un trío público?. O nuestras tardes eternas en jacuzzis. Aún conservo tus regalos.
Y si aún conservo tu recuerdo.
Para mi, lo nuestro no fue un eterno jalar. Reconozco que de todos mis proxenetas… has sido la mejor.
Poco sé de ti. Nuestros caminos siempre fueron distintas. Nunca me vino el divismo.
La vida es una broma con escasa gracia, así que prefiero ir de una comediante cínica.
Lamento lo que pasa contigo. Pero Bella, la vida sigue riendo.
Yo aquí frente al notebook que me regalaste, ahora escribo de ti.
¿Y tú?…¿Qué tal?
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