Confesiones de una Ex Scort: Un trío blando
- Viernes, Enero 29, 2010, 13:22
- Destacado, Gianina, Opinión
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Estaba por cumplir un mes en mi primer lugar de trabajo. Con suerte estaba llegando a lo prometido en términos económicos. Con suerte y mucho esfuerzo. Las primeras semanas fueron las más chocantes. Luego simplemente como cualquier trabajo, la rutina hace lo suyo. Confirmando una vez esa vieja tautología que es algo tan malo que deben ofrecerte dinero para que lo hagas. En el caso del comercio sexual eso se ve amplificado por una parte y la paga rara vez compensa “el valor agregado” que se le entrega en la banda productiva.
Ya había tenido mis primeros pagos por atención a mujeres y en un día de mucho trabajo supe lo que es trabajar 6 horas continuadas.
Por favor dueños y dueñas de privados todas tenemos un limité y gracias a nuestra pujante economía social de mercado, la mano de obra es cada vez más disponible y barata. Aquí no se pagan imposiciones ni derechos laborales algunos. Basta con tener más chicas y el negocio se les hará mas sustentable.
Hasta casi un mes de trabajo no había tenido la experiencia de atender parejas o que pagasen por hacer tríos con dos hombres. A lo sumo habíamos atendido al típico oficinista soltero que paga por masturbarse mirando a dos guapas mujeres darse como una película porno: palabras sucias, movimientos obscenos y acciones morbosas. Pero para todo hay una primera vez.
Hasta el departamento llegaron dos tipos. 30 y algo de años. Vestían sport pero por lo bien afeitados y el cabello disciplinariamente corto que llevaban más el regusto de la colonia Avon, una advertía a ciencia cierta de que tipo de clientes se trataba.
Nos hicieron pasar una a una a las 5 chicas disponibles que estábamos en ese momento.
El protocolo era dar un beso en la mejilla, decir el nombre y dar una vuelta para que nos oteasen el cuerpo. Los militares jubilados tenían un estricto código de trabajo. De las 8 que trabájabamos en en Hot Girls Santiago, 3 se dedicaban a domicilios y 5 para atender en el departamento ubicado en… lo siento, es solo hecho de saber que son milicos me para los pelos de la nuca.
El tema es que debíamos vestirnos de forma “sensual y sexy”. Eso en lenguaje chileno es andar como una mina de cafés con piernas mejor maquillada y con desodorante. No es que las chicas de café anden pasadas a harina de pescado pero las condiciones de hacinamiento en que laboran mis cuasi colegas se impregnan en la piel, calzones y boca.
Allí partí yo: conjunto blanco con portaligas y tacones altos. Salude (poniendo una voz sensual y sexy… así como una mezcla entre borracha y down), giré y puse mi culito respingon para que ellos quisieran tocarlo. Lo intentaron y yo me golpee la cadera. Haciendo una huevada muy de maraca: Quedo con el culo levantado, sosteniendo una mano en mi cadera, lanzo un beso del tipo calendario de taller mecánico y les hago con la otra mano el gesto de hay que pagar para tocar.
- La de blanco – se escucha tras la cortina que nos separa del living. Las chicas se ríen y otras continúan jugando carioca. Otra colega repasa para una prueba de no sé que cosa. Creo que estudia para ser parvularia.
- ¿Y quién más? – pregunta nuestro cabrón que tiene aspecto de ex CNI.
- No, al de blanco… nos queremos atender los dos con la de blanco – dice el uniformado de civil que fuma un cigarrillo blanco.
- ¿Uno primero y el otro después? – dice mi proxeneta.
- No los dos a la vez -
- 80 mil pesos – dice mi proxeneta. Un hombre con cara de tener la prostata tumorosa y serios problemas de flatulencia. Realiza el negocio y llega moviendo un billete de 20 mil pesos para decirme:
- Titi..te vai con los dos … allí esta lo que te ganai -
Julieta, nombre no muy apropiado pára una puta, se acerca y me dice:
- Weona son dos minos… cobrai adentro por las weas extras que te van a pedir… y tenís que echarte harto aceite -
- ¿Cómo qué? – preguntó algo nerviosa y apresurada acomodando condones, toallas desechables y sacando una bolsa plática transparente que contiene dos toallas de baño.
- El chico poh, weona… si te lo quieren meter por el poto tenís que cobrar el doble – y yo hago como que entiendo el asunto comercial.
En el dormitorio – cortinas verdes de tela. Un closet vacío, un velador con citofono, una lampara comprada en la zofri de calle Merced y una cama de dos plazas con plumón y dos sabanas; me esperan los uniformados de civil.
Llevan algo de alcohol en el cuerpo. Lo sé por el efusivo – casi futbolero – aplauso que me dan cuando entro a la pieza. Me sacó el sostén y lo dejo en el closet.
Ellos quedan en boxers. Uno lleva de color café oscuro con filetes blancos (chulo del verbo chulo) y responde al nombre de Felipe. Sospecho que puede tener un nombre anglo con apellido mapuche por sus rasgos y acento. Falsamente serio. Mezcla comentarios obvios y rascas – estai rica, huachita… incluido – con una mirada llena de odio. Resentimiento. Vacía de humanidad. Torpemente pellizca mis pezones y yo, amablemente, le digo que lo haga más suave. Dice llamarse Alejandro. Es más creíble en su perfomance de amante que paga.
Lleva un boxer gris. Lampiño y moreno. Él solo ríe y lanza torpes manotazos. Es el primero en mostrar armas: delgada, curva y con la longitud estándar nacional. Empeñoso el hombre. Se tiende en la cama y me dice que se la chupe. Yo hago como que se la chupo. Intercalo movimientos calientes de lengua, cercanos a su verga erecta con risillas llenas de malicia e intensidad. De un costado del velador acerco un condón. Lo abro. Lo extiendo para que entre su rojiza callampa nacional y envuelvo su falo. Para que no se le baje la verga empiezo de manera rápido a chupar, también. Meto todo su bulto en mi boca. Aún esta blando producto del contacto del pene con el espermicida. Le digo que esta rico y acaricio mis cachetes pálidos con su verga húmeda por mi saliva.
Felipe se da cuenta que requiere atención y luego de un fallido intento de tratar de puntearme sin condón; se frota su verga: gruesa, pequeña y negra. para que se la chupe. Hoy será un día de esos en que lo único bueno que pase por mi boca es el enjuague bucal.
Lo envuelvo en el condón. Sobra bastante abajo y antes que se sienta mal – y se le baje -, digo:
- Esta durita y gruesa…como me gustan a mi – y la chupo al compás de la paja que le realizo a Alejandro.
Los tengo a mil. Intercalo pajas y mamadas entre mis dos clientes. Uno ya me esta lamiendo la concha. Yo sentada en su boca. Siento la baba y la torpeza de su lengua. Solo lame. No penetra. No acaricia mi culo. No me estimula. Es mecánico. Felipe lame mi vagina. Y de vez en cuando dice, con voz enferma y sicótica : – estai ricaaaaa -
Mientras el negrito poco dotado me la come. Yo se la chupo a Alejandro. Fingo arcadas. Les digo que lo hagan más rico. Felipe para y dice.
- Ya ponte en cuatro y se la chupai a él mientras te la meto -
Me pongo a lo perro. En realidad a lo perra. Tomo su verguita resentida. La sacudo un poco. Y la introduzco en mi concha repleta de babas. Fingía dolor. Fingía placer. Fingía estar siendo penetrada por un adonis de hierro y con falos de fuego.Lanzo un grito profundo de placer mentiroso.
Sigo chupando a Alejandro. Se siente en la gloria. Se nota que esta algo desconcertado por la habilidad de mi lengua de vibora caliente. Esta despertando la yegua en celo. Quiero un pico de verdad.
NO.
Quiero dos picos de verdad.
Alejandro sugiere que lo cabalgue y Felipe asiente. Ahora siento su corcho de garrafa que apenas toca mi concha parece expandirse… hacia los lados. Mientras salto en su proyecto de masculinidad sacudo la verga de Felipe. Este se la toma y golpea mi cara.
- Que rico…así papito… así bien porno y caliente, papito -
Felipe se compra entero el cuento y trata de besarme. Rehuyo su boca babeante y me meto sola su verga en la boca. Luego los dos se ponen de pie en la cama y yo los chupo a ambos.
- ¿Quién la tiene más rica mi amor? – dice Felipe. Con falso acento de macho experimentado.
- Las dos están super ricas, mi amor – digo.
Empezó el juego de cabros chicos: quien la tiene más larga. Da lo mismo. Bueno no da lo mismo pero por alguna razón solo existe un hombre elefante. La gracia esta en como la usen y en el esfuerzo que pongan, niños. Y esfuerzo no es aguantar la eyaculación sino que entrega. Si la entrega dura un minuto corra directamente a un médico. Si dura cinco minutos… beba menos. Si va en los 15 minutos considérese parte de la media superior nacional. Si dura 15 minutos y un segundo. Usted es un potencial actor porno chileno.
Se los dice una mujer que sabe y porque sabe prefiere o el consolador o a otra mujer insatisfecha que no le quedó otra que ser lesbiana. Nadie a dicho que la verdad deba ser dulce como mis jugos vaginales.
Invento una posición graciosa. Me tiendo de costado y mientras chupo a uno obligo a que el otro se interese en mi culo. Resulta. Alejandro trata de penetrarme sin preguntar nada. Su intento es en cucharita. Le digo que por allí se cobra extra. Y me largo con un show de ventas de lo más freak.
- haber papitos… el asunto es así. Lo normal es que mientras lo hago con uno… el otro mire. Y se van turnando. Ahora si quieren cositas extras… allí es otro el trato y directo conmigo. Por ejemplo si quieren anal deben pagar cada uno 30 mil pesos… - cuando me quería exponer los otros servicios, Felipe me interrumpe.
- ¿Haces doblé penetración? -
- Bueno… eso sale un poquito más caro – digo con ojos de caja registradora.
- ¿Cuánto? – dice Alejandro.
- 100 mil -doy la cifra cerrada.
- ¿Das algo gratis? – pregunta Felipe.
- Una americana doble… ¿les tinca? – lo digo tendida de espaldas mientras ellos se miran con algo de desconcierto.
- ¿Cuál es esa? – pregunta Alejandro.
- Los hago que acaben en mi cara -
Una vez entregado el dinero y puesto en el interior de la plataforma de mi zapato blanco, la escena es la siguiente. Estoy sobre la algo floja verga de Alejandro. Con movimientos circulares logro mantenerla erecta lo suficiente como para que no se le despierten fantasmas infantiles. Felipe observa detenidamente como echo lubricante en mi culo. Observa como mis dos dedos entran y salen suaves y húmedos. Le doy las ordenes que debe hacerlo suave. Lo intenta una vez y su verga golpea el escroto de Alejandro. Lo intenta por segunda vez. Fingí que siento placer cuando en realidad es algo más bien escatológico, así que reservo para otra situación y lugar la sensación que me provoca alojar el glande de Felipe. Lo intenta nuevamente. Mi culo esta dilatado así que esta vez ingresa. No siento nada. Entre el lubricante y la falta de pericia de mis amantes me siento como si estuviera viendo un programa de semana santa. Solo me falta bostezar. Pero estoy trabajando.
Al tener las dos vergitas alojadas en mi cuerpecito de putita cara controlo la situación.
ATENCIÓN MUCHACHAS.
Realizo un suave vaivén para impedir que los niños se muevan. Hay que jugar con fobias del hombre chileno: que si se rozan las vergas son gays y cosas por el estilo. Grito bastante, al parecer la mezcla de dolor, sexo y placer, gatilla en nuestros varones sutiles placeres eróticos… después nos preguntamos lo del femicidio.Insisto en el vaivén. Yo controlo la intensidad. Yo controlo el nivel de profundidad que alcanza la penetración y en ningún momento les hago saber quien domina a quién.
¿Cómo?.
Simplemente esa mezcla enferma de palabras tiernas y cochinadas: papitos ricos…así…rompan a us pua, papitos calientes… ricos mis papitos …ricos lo picos…y demás cosas.
Se acerca el término del servicio. Así que me largó el show del orgasmo.
- Ahhh mi amor…me vengo… me vengo… – y los niños empiezan con lo suyo. Tratan de moverse pero sus vergas en 5 minutos de contención no son nada. Dicen cosas. Se mueven pero nada.
- toma puta…toma…maraca de mierda – me dice Felipe que ahora se aloja en mi concha.
- Ahhh huachita…comete el pico en tu culo, mierda… eso toma…toma pico – me grita Alejandro mientras se mueve con algo blando dentro de mi culito diestro y hábil.
Fingo un salto producto de un orgasmo. Ellos están listos. Masturbo a Felipe con el condón puesto. Con mi mano voy sintiendo el momento exacto de su descarga. Sacó el condón y froto su verga contra mi rostro. Una buena gota espesa y algo amarilla cae en mis narices. Felipe se sigue masturbando mientras hago lo propio con Alejandro.
Emito sonidos extraños. Cosas como – UBRRRRUUUUBBBRRR -
Es para que crean que disfruto del momento. Alejandro lanza su tibia y liquida esencia en mi cara. Tomo sus dos vergas y las unto del semen que cae a gotas desde mi cara. Unto sus dos vergas y las chupo. Al cabo de 30 segundos siento dos pequeñas cosas de color rojizo en mis manos.
He terminado.
Descansamos un poco. Me invitan un cigarrillo. Me dicen que podría invitar a una amiga del privado e irnos a una disco. Como si las minas que trabajamos en estos lugares nos interesara mucho salir de juerga: madres abnegadas, estudiantes universitarias bisexuales y quizá hasta una sicotica que juega con muñecas y hojas de afeitar en su casa. Me despido entre risas y felicitaciones por su hombría.
Afuera la ciudad: paranoica, esquizofrenica, muerta de miedo por la delincuencia. En un dormitorio dos policías de civil. Descansan desnudos luego de haber pagado 180 mil pesos a un proxeneta por una muñequita de 18 años… por cumplir.
Próxima Semana: ¿Te puedo violar, Gianina?
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2 Comentarios en “Confesiones de una Ex Scort: Un trío blando”
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Eso se siente rico el placer es el desahogo
Me encantaron tus historias!!!!…ojala fuera ficciòn…pero tristemente algunas son pura realidad.